deretiro

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martes, 22 de julio de 2014

DEL OTRO LADO




Tu caminar presuroso
y el gélido aliento empañaron a mis ojos
Mas tu mirar se quedó en mí.
Fue entonces que cerramos la puerta
mientras entraban las canciones
junto a las risas, el desenfreno, el deseo y la mentira.
Recuerdas, el tiempo solo asomaba por la ventana
viendo a los dos
inventar escusas
así  olvidar a las persianas.
Ahora, estamos del otro lado
allá, la respiración mutó en ausencia
y la risa en silencio.

lunes, 14 de julio de 2014

FALDAS RESBALADIZAS Y BLUSAS REVENTADAS



 Seguí sus pasos que recorrían la habitación. Se detuvo frente al espejo para acariciar sus manos con un protector, a tiempo de esforzarse para detener a la falda que resbalaba entre sus muslos. Me miró mientras el botón de la blusa quería reventar. Se sentó al borde de la cama y revisó el celular. Se paró y de una patada mandó a un rincón del cuarto a mis queridos zapatos cafés.
Me miró, se acercó y la palma de sus manos rosaron mis labios. Estiró la falda una vez más y dejó la puerta abierta.


jueves, 10 de julio de 2014

AL FINAL DEL SHOW





Volveré a caer en esta sábana que mañana será mixtura
envueltos estarán el desvelo y sus gemidos,
los mudos espejos
y el eco de aquel silbido
que pintó la puerta equivocada.
ya no queda mi piel
cada vez el dolor está más allá
El momento se hace nada
¿Te acuerdas cuando dabas vueltas alrededor

para completar el final del show?

martes, 24 de junio de 2014

ADIÓS QUERIDO PUCHO




Terminé de fumar, desde entonces la sombra y yo permanecemos libres.
Una tarde de esas dije:
-Ha llegado el momento, ahora tiene que ser.
Entré a la ducha cuando el sol tocaba fondo y yo titiritando sacudí la abundante caballera que tenía por entonces, me puse una chamarra azul y como quien se alista para una gran celebración, pedí permiso a mis padres para salir.
Sin más valentía que los cinco pesos que me regalaron, compré ocho cigarrillos y una caja de fósforos con la que encendí el primer L&M.
Fue en abril de 1984 que convoqué al pucho como a mi único amigo, confidente y cómplice. Desde ese tiempo fueron pocos los días en que dejé de fumar, solo lo hacía cuando tenía una resaca terrible, porque ni la fiebre reumática, la neuralgia, ni la caprichosa tos, menos la distrofia muscular o la gastritis lograron alejarme de él.
Con los años el cigarrillo fue parte imprescindible de mi vida, no tenía sentido ir al baño sin él, ni tomar café o beber alcohol, también funcionaba como inspirador de cartas interminables, acompañante de canciones melancólicas, en fin, todo o casi todo lo hacía gracias a él.
El otro día me vino una gran añoranza y reconocí que entre las circunstancias que más me hicieron feliz en la vida fue haber sacado chispas a cada fumada, que placer más hermoso es fumar despacito luego de la desesperación, botar el humo y ver al frente dibujadas las penas, luego sonreír y dejarse llevar por ese pequeño instante de paz. En esos momentos todo era soportable porque asumía que al frente había muchas posibilidades y que –igual que el humo- nada era infinito.
Pero también sabía, desde un principio, que el cigarrillo mata o en el mejor de los casos provoca daños irremediables, por eso ahora no puede hacerme al desentendido. Pienso que el que asume algún vicio tiene tendencias suicidas, un camino largo pero placentero hacia la muerte.

A pocos días de que mi padre fallezca le visité en el hospital, al ingresar a la habitación se dio cuenta que acababa de apagar el cigarrillo y me comentó que por fumar estaba en esa situación (insuficiencia respiratoria), me miró y sus palabras no ordenaban solo pedían que deje de hacerlo, solicitud que jamás fue considerada, mas siguen revoloteando en mí otras palabras que mucho antes quedaron clavadas en el silencio.
“Si quieres ser libre, primero libérate del cigarrillo”
Cuánta razón tenía mi padre, pero en ese tiempo ser libre significaba atarme voluntariamente a un vicio, a una mujer, al alcohol, a la música, a los amigos (escasos), al trabajo, al dinero, a los sueños y a la soledad. Después de haber decidido dejar de fumar, hoy comprendo esas palabras y siento más libre al corazón, la caja de cambios que tenía en mí se arruinó, y hoy, soy quien impone el ritmo a mi vida. Los deseos y apegos fueron secuestrados por el humo que escapó por la ventana, por eso, siento más viva, más libre y más feliz a mi libertad que prefirió renunciar al todo para descansar en la nada.
Javier Calvo Vásquez
Sucre, 25 de junio de 2014