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lunes, 16 de febrero de 2015

DEL TIEMPO


El tiempo es un espacio ficticio, el punto exacto del deseo, pero también de la nostalgia. El tiempo abandonó a la mirada, a la sombra del retiro, al corazón que, como el árbol, deja pasar al viento, a la lluvia, al sol y a la noche.

miércoles, 28 de enero de 2015

PASEOS EXTRAÑOS


Hemos retirado todos los arbustos esta mañana, el amanecer se levantó pausadamente y su brillo calentó los rostros, las manos y los ojos. El sol se extendió tanto que le perdimos de vista y el cielo se volvió azul, de ahí para adelante las nubes pasaron de rato en rato dibujando figuras que se desvanecían, morían o simplemente cambiaban de forma.

Una mañana, de hace muchos años, me levanté antes que salga el sol con la intención de sacar fotografías de los primeros rayos de luz, me aposté en un cerro llamado Garcilaso (Sucre) y esperé junto a los ladridos desesperados y los curiosos focos que recelaban entre las cuatro paredes de adobe visto. Hasta que llegó el sol, tardó 30 minutos para apropiarse por completo del cielo. Como un loco abrí el zum e inmediatamente lo cerré buscando todos los ángulos posibles mientras el naranjo intenso se hacía cada vez más blanco. Después, el cielo tomó su color normal y empecé a bajar, en mi paso me encontré con las señoras que barrían la acera, con los panaderos que cuidaban sus manos del pan caliente, con los perros que presurosos salían de sus casas a orinar, con los albañiles que empujaban sus bicicletas y con los autos que calentaban sus motores mientras el rocío yacía en los parabrisas.

Antes de llegar a casa me detuve en el mercado central a tomar un api caliente con tres buñuelos acompañado de otros madrugadores con quienes compartí cada sección del periódico, unos preferían el deportivo, otros los clasificados, yo leí los titulares de la portada. Llegué a casa e inmediatamente bajé las fotografías a la computadora, al momento de revisar cada toma encontré detalles que en su momento no me percaté, como los reflejos de las montañas, las sombras de los árboles, los colores que no tienen nombre y dibujan circunferencias alrededor del sol, casas pequeñas que apagan la luz. Ahí comprendí que a veces ponemos todo el esfuerzo en querer eternizar los momentos y descuidamos otros detalles que son parte del todo, que dan armonía y belleza, en eso interviene el ego del fotógrafo para complacer a su sonrisa en el espejo y al aplauso colectivo, quedando al margen el sentido de cada circunstancia.

Entonces asimilé que la fotografía no podía ser una pasión, una profesión, menos una necesidad, para mí únicamente es el instrumento para transmitir sensaciones y compartir circunstancias, por eso continúo fotografiando a los diversos rostros de la naturaleza, comprender así que soy parte de ella, como el viento, el sol, la lluvia, el cielo, las montañas, los árboles y el mar, así de mutables, por tanto, impermanentes.
El salar y la luz                                                             
Pasaron muchos años desde la última vez que fui al salar de Uyuni, en la década del 80 este lugar generalmente era visto como el yacimiento que proveía de sal para nuestras comidas, y Uyuni, el paso para varios campamentos mineros de Potosí como Atocha y Telamayu  por entonces vi al salar con esos ojos, lo que justifica por qué preferí el calor del Toyota Land Cruiser que el frío gélido del salar y sus mil colores y sus ilusiones psicodélicas y su magia y su instante lunático y su poético silencio.
Viajé con Samuel, mi hijo, rumbo al salar por donde pasaron las motos y autos del Dakar, queríamos conocer por qué ese destino es uno de los atractivos turísticos más importantes del país. Mi pasó por Potosí trajo muchos recuerdos, y con ellos, los arrepentimientos… La carretera polvorienta y llena de calaminado había sido sustituida por el mudo asfalto, pero aún estaban las rocas que tienen formas como aquel que se parece a un sapo. Pasamos cerca del río San Juan, por los centros mineros de Porco, Agua y Castilla, las pampas y las casas solitarias que parecían desaparecer. Al llegar a Uyuni sentí a un pueblo extraño en su propia tierra, mochileros por aquí y por allá y el lodo resbaladizo que dificulta cruzar las avenidas y calles. Por todas partes también aparecían agentes de turismo ofreciendo un paseo por el salar, prometían puntualidad, comida fresca y vegetariana, agua y gaseosas, comodidad, además de un guía profesional, tampoco no reservaban insinuaciones para desacreditar a los agentes de la competencia, es así que caímos en la tentadora oferta e hicimos los tratos.
Luego del fallido intento de comer algo, decidimos tomar un taxi que nos lleve al hotel, dimos la dirección y el taxista inició la marcha zigzagueante por los baches de calles de tierra o a medio enlosetar, después de avanzar dos cuadras el alumbrado público solo se encontraba en las esquinas quedando con la luz del auto, frente a eso nos pusimos nerviosos e imaginamos en silencio y al unísono lo peor, “quizá nuestros cuerpos los boten al salar o en el mejor de los casos únicamente nos roben las cámaras y la billetera, así nos dejarían un poco lejos pero no tanto”, de pronto la movilidad se detuvo frente a un portón que tenía un pequeño foquito, el taxista muy educadamente nos saludó y cobró ocho bolivianos, “este es el hotel” dijo y salimos rápidamente.
Ya en él, nos registramos y buscamos la habitación en medio de un gran patio oscuro, los cuartos estaban alrededor y gracias a una pequeña linterna llegamos al nuestro, la llave no era de un chapa sino de un candado, entramos y estábamos frente a tres camas arbitrariamente acomodadas, un televisor en un rincón que solo se podía ver desde una de las camas, la puerta vidriera del baño era transparente truncando cualquier posibilidad a la intimidad.

En realidad no importó mucho ese detalle porque necesitábamos descansar y así lo hicimos. Despertamos temprano, pedimos café caliente con dos panes mermelada y mantequilla,  Samuel añadió un revuelto de huevo, felizmente no tardaron mucho.
Cuando salimos del hotel pedí factura, mas el recepcionista lo tomó como una ofensa y muy molesto aseguró que ahí no se daba nada de eso y si necesitaba realmente que vaya a reclamar al otro hotel que tenía el propietario, salí molesto y con la esperanza de encontrar lo antes posible un taxi que nos lleva a la agencia de turismo para empezar el recorrido por el salar. Como es de suponer fue vana nuestra espera por lo que decidimos caminar, a los pocos minutos nos sorprendimos  al constatar que del hotel al centro de Uyuni simplemente separaban cuatro cuadras.
Si bien el compromiso de la agencia era comenzar el recorrido a las 10:00, en realidad iniciamos a las once de la mañana, entramos siete personas a una vagoneta 4*4: dos chilenas, dos argentinos, un peruano y nosotros (bolivianos), el guía (que era el chofer) sabía lo mismo o aun menos que nosotros sobre el salar. El Cementerio de trenes tiene su atractivo, lamentablemente no hay quien cuide ese lugar ojalá que en algún momento no se “vaya a perder”. Como llovió una noche antes, Colchani, donde se procesa la sal yodada, estaba lleno de lodo por lo tanto no se podía caminar con facilidad y menos conocer el lugar.

De ahí para adelante, naturaleza pura que cambia cada instante  de color y forma, por eso es inútil teorizar al respecto, es mejor callar y sentir su silencio aunque no es muy fácil por el ruido que hacen los turistas sacando fotos, otros saltando y haciendo trucos de perspectiva con sus cámaras.

Después de tres horas de conocer al intenso salar que enceguece al sol y a la transparencia de sus aguas que no van ningún lado, a las nubes que parecen estar debajo del cielo y posadas sobre las montañas, llegamos a un hotel de sal donde debíamos almorzar, el chofer dejó en una mesa de Coca Cola las carnes (chuletas) frías, el arroz, una bandeja con pepinos y tomate, le preguntamos  qué es de la comida vegetariana, simplemente contestó que no sabía nada y que eso “nomás le entregaron”. Pedimos un salero, ¡uhh! sorpresa, decía en letras pequeñas, “Hecho en Chile”, todos se rieron. Si bien esos pormenores no importan en definitiva,  pero creo que no tiene mucho sentido consumir en el centro del salar de Uyuni sal de otro lugar. Posteriormente llegamos al sitio más impactante porque gracias al agua que bordea el salar, este se convierte en espejo logrando confundirse con el cielo, las montañas y las nubes.

Retornamos contentos, quedamos emocionados y reconfortados porque conocimos el salar que en sí es complicado y simple a la vez, como un cuadro gigante que cambia de tonalidad, de brillo y contraste (como cada instante de la vida), que invita a no pensar y a callar, es el salar que seduce con su luz y permite liberar a los sentidos
Javier Calvo V.
Sucre, 28 de enero de 2015 

miércoles, 24 de diciembre de 2014

SUZANNE


Detuve la mirada en la espesa inmensidad que desenfocaba su perspectiva. El silbido se abrigó en las notas melancólicas de una canción de Leonard Cohen (Suzanne), se abrió paso entre el ruido y animó a mis pasos sin que logre despejar a la mirada.
Las calles se ampliaron y la ciudad creció como un globo, un espejo retrovisor. La mirada -sin el menor esfuerzo- se enteró simultáneamente de las más grotescas intimidades y los hechos más sorprendentes: las carteras extraviadas, la pelea de dos niñas, el beso desordenado de dos ancianas, la desesperación de dos perros que no podían separar sus colas, mientras tanto Cohen empujaba a mis pasos.

El viento continuó dando vueltas por la mirada detenida, traspasó las paredes y salió por las ventanas, el calor logró acomodar su color en mi rostro y su vuelo quedito viajó al ritmo de Suzanne.
Cuando el silbido simulaba escurrirse entre la muchedumbre, su eco aún guiaba mi caminar, de pronto, como si fuera un sacudón de fortalezas, toda la canción retumbo en mis oídos y tropecé, y caí y se perdió la mirada.
Tú seguías silbando, me encontraste, yo te alcancé; como si fueras Hamelín me sacaste, me trajiste y empezaste a reír, te echaste a mis brazos, buscaste mis labios, y yo, maduré la mirada.
Suzanne seguía sonando en mí, la cobijé y supe que no podía volver. El calor acomodó su color, el viento dejó de viajar y el amor perdió el nombre.
Abrí los ojos ese mañana de diciembre, la lluvia ya se había marchado sólo quedó su brisa y pequeñas gotas que se escurrían entre las hojas de ese robusto árbol, al frente estaban las montañas y el cielo amarillento mostraba claros de luz.

Desde entonces estoy aquí, con la piel quebrada, con los oídos y los ojos abiertos, y con Suzanne, que se mezcló con tu mirada y tu sonrisa transparente.
Javier Calvo V.

24 de diciembre de 2014

viernes, 14 de noviembre de 2014

ENCUENTROS

 
He cerrado los ojos esta mañana, recién pude ver al frente un blanca capa por donde transitaban imágenes, de pronto, cuánto más resistía mi cuerpo, mis dedos, mis pierdas y mis manos se individualizaron acompañadas por la respiración que poco a poco asumía un ritmo desconocido.
Abandono al pensamiento, a las ideas y a los sueños, a las palabras, a los deseos y a los nombres.
Luego me levanté, abrí la ventana y empecé a correr para salir a la calle donde encontré partes de mí que creí abandonadas...
javier
 
 jcv

jueves, 13 de noviembre de 2014

NADIE QUIERE HABLAR SOBRE EL AUTORITARISMO UNIVERSITARIO






La Universidad de San Francisco Xavier es una de las instituciones más autoritarias en el Estado plurinacional de Bolivia, debido a la concentración del poder, la inexistente división de poderes, el incumplimiento a su normativa interna (en muchos casos) y la aplicación de procedimientos contrarios al Estado democrático (Estado de Derecho). Ahora me explico.
Antes, sin embargo, es necesario definir que el sentido democrático de toda forma de gobierno está en la división de poderes: Ejecutivo, legislativo y judicial, poderes que son independientes uno del otro.
El Consejo Universitario de San Francisco Xavier es el máximo órgano de gobierno universitario, entre congreso y congreso, (Art. 14 E.O.USFX), presidido por el rector e integrado por el vicerrector, los decanos, dirigentes estudiantiles (FUL y centros de estudiantes), además de la representación docente (FUD - células facultativas) y trabajadores (Sindicato).
Entre sus atribuciones está la aprobación de resoluciones en diferentes áreas, a más de fiscalizar la gestión universitaria, lo que muy pocas veces se ha producido porque el órgano ejecutivo de la Universidad (rector, vicerrector y decanos) cubre el 40 % del total de integrantes del Consejo Universitario, es decir, la estructura del poder universitario no está diferenciada como suele estarlo en toda institución que se precie de democrática, por eso se deduce que es poco probable que las autoridades aprueben resoluciones contrarias a sus intereses y menos posible aún, que fiscalicen objetivamente su gestión, a esto se añade lo que es muy conocido por todos, la injerencia rectoral en la elección de dirigentes de los tres sectores, de esa forma garantizar el control absoluto del Consejo. Actitud coherente con los regímenes autoritarios.
En los hechos, el rector es quien decide qué, cómo y cuándo hacer las cosas en la institución, por encima incluso de su propia norma, es el caso de la elección de directores y jefes administrativos, encargados, etc., designados por afinidad personal y no por concurso de méritos, contrariamente a lo que establece el Estatuto Orgánico y el Reglamento interno de personal, por tanto, como es congruente con todo sistema autoritario, las normas se cumplan siempre y cuando no afecten los intereses del jefe, por tanto estamos ante un escenario de desinstitucionalización universitaria.



Este exacerbado autoritarismo llevó a la Universidad a sumergirse en crisis profundas, como del año 2000 cuando el rector Jaime Robles es destituido por la fuerza, en desconocimiento a la normativa que señala que las autoridades solo pueden ser removidas luego de un proceso interno, lo que no fue así. Otro ejemplo, es lo que aconteció este año, cuando el Consejo Universitario forzó la interpretación del Estatuto para permitir la reelección de autoridades, situación anulada por el Tribunal Constitucional Plurinacional, luego de presentarse un recurso de nulidad. Debido a esta lógica del “Metele nomás”, la Universidad postergó por seis meses la elección de autoridades, con los lógicos perjuicios en la ejecución presupuestaria.
Otro caso que pone en evidencia el autoritarismo en la Universidad, es el (mal) uso de los medios de comunicación universitarios (fundamentalmente TVU), quienes desde luego no necesitan más planificación y objetivos que servir a las autoridades de turno y atacar a sus detractores, la imparcialidad no existe en el tratamiento informativo, la ética periodística hace mucho tiempo fue abandonada. La censura es el pan de todos los días lo que generó la autocensura en los comunicadores universitarios, con el tiempo –los periodistas de estos medios- suponen cómo debe ser el enfoque informativo, qué y cuándo informar, con esto quiero decir que se construyó con los años un campo periodístico sumiso al poder, teniendo la obligación de amplificar la voz de quienes son o comparten el poder, este poder que necesita de estos medios para perpetuarse y reproducirse.
Sin duda, el sector universitario más vulnerable al chantaje, la manipulación y la violación a los derechos humanos, es el administrativo, puesto que enfrenta a diario la constante intimidación de sus jefes inmediatos tornándose un riesgo aun la forma del saludo o las amistades que pueda tener. La normativa que regula su trabajo muy pocas veces se cumple, transgrediendo sus derechos constitucionales, por ejemplo, ante cualquier denuncia el funcionario universitario es procesado por el Asesor Jurídico quien es nombrado directamente por el rector, este personaje cumple una triple función en la administración de justicia: acusa, investiga y emite sentencia (es juez y parte), la apelación se realiza ante el rector, pero –como es de suponer- éste nunca contradice a su subalterno, por lo que ratifica el fallo contra el trabajador, en ese sentido no es exagerado afirmar que el funcionario de San Francisco Xavier vive en un estado de indefensión, en otras palabras, es sometido a un tribunal inquisitivo sin ninguna posibilidad de salir exonerado, por eso se entiende el porqué siempre pierde el administrativo, claro está que también muchas veces retorna a su fuente laboral luego de acudir a la justicia ordinaria que en la mayoría de los casos instruye a la Universidad restituir la fuente de empleo al afectado, además de cancelarle todos los sueldos desde el día del despido, generándose así un daño económico a la institución, el cual –sea de paso- nunca es respondido por el rector.
Pero hay más, el siguiente ejemplo rebasa lo absurdo. El reglamento de personal reconoce la incompatibilidad funcionaria (respecto al parentesco y la afinidad del trabajador universitario), en función a la fecha del primer contrato, señala específicamente que se aplicará estas incompatibilidades a los funcionarios que fueron empleados desde marzo de 1998, esto quiere decir que los trabajadores que ingresaron con anterioridad a esta fecha no tienen problemas de incompatibilidad a pesar de que su hijo, su esposa, su nieto, etc., etc. trabajen incluso en la misma oficina, disposición que contradice el espíritu de la Constitución Política del Estado, que prohíbe todo tipo de discriminación.

 En ese contexto, la cultura autoritaria se afana en hacer gala de su poder cuando aplica la incompatibilidad a los funcionarios que no tienen “afinidad” con los que detentan el poder y están más arruinados aquellos que osan enfrentarlos, o son parte de algún grupo opositor al rector, como es el caso de un trabajador que cuando cuidaba a su esposa con cáncer, le entregaron el memorándum de despido, se vinculó este hecho por su manifiesta indignación con los dirigentes sindicales, quienes por cierto son muy amigos de una exautoridad.
Seguramente existen más ejemplos que confirman este régimen autoritario asumido como normal, porque supo con el tiempo construir valores y creencias en la comunidad universitaria que garantizan su reproducción para llegar a ser cultura política universitaria.
Son estos temas y otros vinculantes, que merecen ser debatidos por los candidatos a rectorado, vicerrectorado, decanaturas y direcciones de Carrera, pero no, nadie desea ingresar al terreno de la sincera discusión, se entiende esto porque el actual escenario (autoritario) permite ejercer el poder de manera despótica, pues –seguramente también- si la Universidad transformara su estructura de poder y su cultura política, quizás otros serían los candidatos.

Javier Calvo Vásquez
Sucre. Noviembre de 2014