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domingo, 21 de junio de 2015

LA FOTOGRAFÍA QUE VENCE AL PASADO PARA SER UN PRESENTE INTERMINABLE

Con cariño y afecto para mi familia Calvo - Vásquez



Siempre fui un fisgón de alegrías, de cinismos y de mentiras
Recuerdo que los estudios fotográficos exponían en sus vitrinas fotos de matrimonios, graduaciones, bautizos, elección de reinas de belleza, equipos de fútbol, ch’allas y cuánta celebración se producía en la ciudad de Potosí. Los rostros vidriosos parecían reventar, y claro, no faltaban los inoportunos que se colaban en las fotos estirando el cuello o contorsionando el cuerpo, también no estaban ausentes los distraídos que haciendo gala de su prisa entraban al cuadro como el viento, el sol y lluvia.
Hallaba en cada foto muecas, lágrimas que disimulaban sus grietas, zapatos rotos que se ocultaban entre la multitud, chalinas deshilachadas, cabellos desordenados, vestidos transparentes, corbatas que retenían forzadamente los pedazos de torta, masetas fracturadas, puertas entreabiertas y sillas rotas en un rincón de la plaza; ahí estaban -haciéndome despertar- esas “pequeñas y hermosas cosas”, como muy bien describió Joan Manuel Serratte.
Me quedaba absorto ante esas imágenes que las retenía en mi memoria cuan inventario fiscalizador, por eso cuando no las volvía a ver en las vitrinas me solía preguntar ¿quién habrá recogido esas fotos? o forzaba a la imaginación semejando al fotógrafo con el panteonero y pensaba ¿habrán quemado las fotos por falta de espacio en los álbumes?
Años después comprendí que cada foto es independiente de quien la toma e incluso de sus protagonistas, adquiere voluntad propia y deja de ser pasado para ser un presente inconcluso e interminable para el espectador.


Hace un mes estuve en Potosí y visité a mi madre, ella aprovechó mi presencia para mostrarme antiguas fotos familiares, ahí están mis padres, mis abuelos y abuelas, mis tíos y tías, a pesar de no haberlos conocido o no haber compartido mucho con ellos, cada foto me proyecta y me descubre.

Observé una a una y no niego que tuve todas las ganas de robar ese material rico por su aporte a la sociología y la antropología ya que fácilmente pueden convertirse en objetos de estudio, de esa manera analizar ciertos contextos socioculturales, pero no, preferí sacar foto a la foto para quedarme con ese ahora en el que reconocí ocultos detalles, forasteras e intrusas sombras y contraluces, que fueron un día encontradas por la fotografía.


Todos dejaban de ser pasado y la foto recobraba su estar aquí, en ese instante las referencias superaban al contexto, ahí estaba mi abuela reteniendo la mirada y su respiración mientras mi abuelo disfrutaba del sol y la buena lectura. Mi madre, casi desenfocada, estaba distraída en medio de matorrales, sorprendida, temerosa y extraña; a su lado sus padres y hermanos, cada quien con una señal que -por entonces- quizá no tenían el menor sentido, ahora creo que podrían servir de respuestas necesarias. En otra foto esta mi tía, apretujando con su cariño, como acostumbra hacerlo hasta hoy con todos sus sobrinos.

Mi padre siempre emitía una inquietante mirada transparente que se escondía en el anonimato. En las fotos familiares de mi padre reconozco la seriedad protocolar de mis tíos y esa timidez congénita que me descubre y revela, ahí están, ellos miran al frente para guardar celosos su destreza en el baile, en el canto y la poesía.

La foto de mi abuelo, enviada desde Uyuni durante la Guerra del Chaco lanza muchas preguntas, por ejemplo ¿por qué alguien intentó borrar lo escrito por mi abuelo? ¿cuánto temor guardaba cada palabra? ¿cuánto cariño escondía cada letra? y ¿cuantas fortalezas se engañaban ante esas miradas?
Seguramente estas fotografías traerán melancolía a mis hermanos, primos y sobrinos, mas esa no es mi intención, por el contrario, ojalá que cada quién halle símbolos, signos, detalles que rebasen al pasado, para que de esa nueva relación se puedan construir distintos presentes. Pero también quiero compartir con mis amigos, porque para ellos todos son extraños, lo que posibilita abrir nuevas miradas de donde nazcan historias, emociones y encuentros.
Javier Calvo Vásquez

Sucre, junio de 2015

miércoles, 10 de junio de 2015

MI QUERIDO LUKAS


Te dejo partir a pesar que este insistente corazón promete esperar
Tu sombra dejó un recipiente de olores a los que cuido y apapacho todas las mañanas
El tejado ya no transpira para permitir seguir las huellas que dejaste esa madrugada de junio.
Mi ventana permanece abierta por si te animas a tranquilizar a este despertar que cree verte
Llegar.
Quiero descubrir tus silencios, así dar sentido a este retiro que sin ti poco o nada importa.
No olvides que la puerta está sin cerrojos, no olvides que mi abrazo se mantiene despejado.
Lindo fuera que estas lágrimas sirvan para llamarte, cuan señales secretas
Estas lágrimas que agradecen tu cariño desmedido
Ese que ahora decidió viajar.

Para mi querido Lukas


miércoles, 3 de junio de 2015

ENCUENTRO


La vida es un encuentro, detenerse y dejarse sorprender, …así es, que mejor alegría que descubrir la belleza de la vida en una simple sonrisa, darse cuenta que es fácil vivir, que es fácil lograr ser libre y alcanzar la paz, que es fácil hallar la ingenuidad, la que es nada, la que es todo.

Su silbido trepó aquellos viejos árboles, mientras se entretenía raspando los rincones de esa mañana que aun tenía rostro de feriado. Me detuve a observar a ese pequeño señor que encorvaba a su mundo y se divertía jugando con los papeles y las hojas caídas, sin perder de vista al agudo silbido.
Cuando el sol chocó con sus manos, procuró que su rostro alce vuelo y su simple sonrisa respondió a quien desde el frente le gritaba y le preguntaba por el frío y el escaso pan, él, sin decir nada, volvió a sonreír levantando polvo con su pequeña y desordenada escoba, de quien se sostenía para no perder el rumbo de la solitaria acera.

Javier Calvo

Junio del año 2015

miércoles, 13 de mayo de 2015

VIAJES ETERNOS



La sombra del domingo se desliza por estas avenidas y calles
se escurren los pies entre las paredes y las manos se cuelgan de los andariveles
qué difícil comprender esas voces que mezcladas se empujan y aprietan
desde arriba veo tu caminar despacito
a tu aliento que dibuja en el aire nubes de azul turquesa
permanece la tarde en la banqueta del parque
mientras se esconde tu reflejo en la espesura del agua
los destrenzados cabellos siguen jugueteando con las hojas
de ese árbol donde apoyé mi descanso a la vez de imaginar
a tu correr desequilibrado.

La ciudad nuevamente cubre el domingo
y es la ventana que cerraste quien recuerda
la hora de marchar.

Los callejones y las plazas se alejan
las luces se llevan polvos y agujeros
se pierde el eco ruidoso e indolente

me detengo una vez más
en esta larga noche  
y acaricio la melancolía
y me embriago con tu mirada,
con tu pequeña voz
que partió un domingo antes que el sol
se anime a salir.

Sucre, mayo de 2015




domingo, 26 de abril de 2015

DESDE ENTONCES


Sus piernas se encogían y se presionaban una a la otra, los dedos de ambos pies mostraban un azul grisáceo.

Malena puso mucho esfuerzo al levantar su cuerpo dejando caer las sábanas junto al pantalón blanco, la blusa de color amarillo, el corpiño naranja y el calzón lila que desordenados aún guardaban el humo del cigarrillo Derby y el singani Casa Real que se desparramó en algún momento de la noche.
Frente al espejo sus ojos se desvanecían y el par de pezones perdían el rosado violeta que acostumbraban tener, sus piernas empezaron a temblar esa mañana y nuevamente su cuerpo quedó sin fuerzas. Abrazada a los zapatos de charol y con tacones de fierro, empezó a soñar. Cruzaron rostros, olores y lágrimas que resbalaban de las miradas. Malena reía y reía mientras frotaba las orejas que perdieron sus pendientes de fantasía.

Adrián esperó, desde entonces, que Malena recoja sus calzones, cambié las sábanas y cierre la puerta, pero no, ella con su desnudez clausuró las ventanas y soltó el agua de la tina para ahogar el corazón de Adrián.
Una mañana, cuando todavía dormía Adrián, sonó la puerta y se detuvo el goteó que perforó el recuerdo. La humedad tardó en salir y los vidrios empañados poco a poco descubrieron la luz y la sombra. Adrián despertó cuando las paredes confinaron al color y la puerta cambió de cerradura. Se sintió un extraño en ese lugar y buscó una manera de salir. Gritó por una rendija una y otra vez, pero sólo un aliento delgado susurró a mitad de la tarde; aquel que un día solía calentar sus labios.

Javier Calvo Vásquez

25 de abril de 2015

DESAFÍO A TU MEMORIA


De paso por Potosí. Mientras me entretengo con la lluvia, el frío me trae muchos recuerdos. Aunque las voces y los rostros son distintos, el color y el olor de la ciudad han vencido al tiempo y al olvido. Quisiera quedarme un cacho más en esta esquina para encontrar tu calor, quisiera que el aguacero sea más intenso todavía para convocar a tu ventana, para desafiar a tu memoria.

viernes, 10 de abril de 2015

DERETIRO

Sé que es noble trabajar para salvar vidas,
pero no es lo mío
hoy prefiero enterrarme en un caparazón
y descansar sin relojes, sin sueños, sin madrugadas.
Quedarme sin que el absurdo motivo me obligue a volver.

martes, 10 de marzo de 2015

LAS Y LOS QUE HAN SIDO

Son textos antiguos acompañados por fotos más viejas aún tomadas por una cámara Nikon (Con rollo. No recuerdo el modelo) Comparto este material con ustedes porque no es justo que continúe entre las rendijas de mi computadora, no es justo por lo que representaron  en ese momento (han sido) y sería bueno que en adelante tomen vuelo para que sean  lo que el espectador desee.




Hace muchos años estas banquetas agujereadas todavía esperaban en la plazuela del Guereo, acompañadas por algunas piedras, un pilón erosionado y un árbol polvoriento, hoy ya no queda nada, todo fue barrido. Qué momento más especial, ese que describía perfectamente al abandono. Luego de copiar esta foto, la observé y sentí que ese cuadro reproducía ausencias que merecían ser descritas.
“Si podrías recordar las historias que sobre ti quedaron y si aún lograrías controlar a la espera, quizás mi confesión apoyada estaría en vos. Cuantas veces deseaste marchar, ir lejos, dejarlo todo, no te permitieron los malos olores y la insistencia del descolorido adiós. Te dejaron sola, se fueron llevándose tu madero y el pretexto que construiste al llegar”.
Foto: Sucre, enero 2004 
Texto, Sucre, abril del año 2006
 En una  vieja pared de la calle Gato pardo (Sucre-Bolivia) estaba este aro oxidado, seguramente, dije, hace mucho tiempo que nadie juega aquí, sentí pena por su abandono, de alguna manera lo humanicé para reproducir la sensación de olvido.


Todas las tardes se detenía el suspiro en el ventanal. Eran las voces trashumantes que depositaban antiguas angustias. Y tú, ahí observando, riendo, llorando, gozando… sufriendo por otras emociones.
Hasta que construiste tus propios motivos, tu propio dolor. Las voces que jamás habían oído de ti, se sorprendieron y desde entonces, es otro el lugar donde dejan su risa y el mal humor. Tú, ya no esperas, aprendiste a no preguntar y a sonreír sin darle un nombre o un porqué.

Foto: Sucre, enero 2004 
Texto, Sucre, abril del año 2006
Javier Calvo V.



martes, 3 de marzo de 2015

DORMIR EN LA PLAZA




Chelo y quena
Dormir en la plaza es habitual para los trashumantes pasajeros que detienen su caminar debido a la somnolencia de sus pasos. En una de esas tardes calurosas este chelista, después de una corta siesta, buscó sombra, sacó su instrumento del forro descolorido y sin más presentación se puso a tocar, en realidad no sé si se trataba de música barroca, jazz o la fusión entre ambas. Se unió a él una muchacha que antes de sentarse ya hacía sonar su quena. 

A ella le vi una un día antes, la recuerdo porque tocaba la quena abriéndose pasó por la calle Loa, entre la muchedumbre de las seis de la tarde, quedé seducido por los sonidos raros que salían del instrumento, ella como Hamelín y yo como una pequeña rata que se dirigía al centro de la tierra. De repente sentí que la ciudad tragaba al sonido y quedé solo en una de las esquinas.
Los que caminaban por la plaza creían no reconocer los hilos de voz del chelo y la quena, y yo, desde otro rincón, observaba a sus risas que se liberaban sin importar cuántas monedas hacían eco en el sombrero agujereado. Al poco rato llegó otra muchacha con quien se pusieron a conversar, luego guardaron el chelo y acomodaron la mochila, pero la quena no dejaba de sonar, en eso, volvieron a reír y bajaron rumbo al mercado central.

 El desafío


Mientras retornaba a la oficina, me llamó la atención dos pies que sobresalían de uno de los rincones del monumento a Bernardo Monteagudo, dormía sin roncar y sin soltar la bolsita verde con hojas de coca. Desde que se hizo famoso por haber desenterrado en el botadero del mercado central una maleta con mucho dinero, su jovialidad fue enclaustrada, su humildad se abrigó con otro gesto. Chicho Hebia le hizo llorar en la televisión y quiso redimir al mundo utilizando su inocencia, le obligó devolver todo ese dinero a cambio de unos cuantos billetes y algo de ropa. Desde ese día ya no me reconoce, antes se sentaba en la patilla de mi trabajo e intercambiábamos saludos, fumaba un casinito con el piccho que reventaba sus cachetes y trascendía toda la plaza.
Ahora entra y sale de la Gobernación como si fuera su casa, se apoya en uno de los pilares y observa con cierto desdén y vuelve a picchar. Sé que muchos le prohibieron dormir en la plaza, porque ya le dieron un cuarto donde vivir, pero no, él necesita que su desafiante irreverencia continúe riéndose de nosotros.
Javier Calvo